viernes, 5 de febrero de 2010

PERDICIÓN

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La vida tiene ojos de mujer y cuerpo de blues. Por eso cuando le dijeron adiós todo se derrumbó. Cogió sus cosas de su mesa , miró a su jefe y se marchó. Ahora Estaba sentado en un taburete de un viejo y oscuro bar de mala muerte, en una carretera perdida y muy lejos de su casa. En una mano tenía un cigarro, el primero en 10 años, y en la otra un bourbon con hielo. Se había quitado la corbata que tantos años había llevado y se desabrochó la camisa. A la mierda. Murmuró.

Se bebió de un trago el bourbon intentando encontrar a Dios en el fondo del vaso y le pidió al camarero que dejara la botella. La noche era muy larga y el diablo rondaba buscando a su víctima. Su imagen se reflejaba en el cristal que había detrás de la barra. Sonrió. Podía reconocer a un perdedor a una milla de distancia. Apagó un cigarro y encendió otro. Tosió. No estaba acostumbrado.
Dos borrachos discutían y en el fondo del bar una muchacha joven parecía llorar. En una de las mesas un viejo hablaba solo y en una esquina alguien trajeado esnifaba polvo blanco.

Empezaba a arrepentirse de haberse parado allí cuando alguien se sentó a su lado...
Uno de los dos borrachos rompió una botella. Pelea seguro.

¿Me das fuego?. Dijo una voz de mujer. Una rubia platino salida de la nada lo miraba desde el otro taburete. Por mucho que lo intentó no olió a azufre. Le encendió un cigarro y le invitó a un bourbon. Era un hombre solo y perdido y tenía una historia que contar.

El camarero llevó un vaso de leche a la joven que no dejaba de llorar, tenía un hijo en su vientre al que tenía que cuidar. El viejo babeaba y el ejecutivo no paraba de reír. Uno de los borrachos yacía en el suelo.

La rubia humedeció sus labios y clavó su mirada en sus ojos. Un gato negro pasó por delante de ellos cuando se perdieron en el oscuro reservado. Fuera aulló un perro. Fue un cuerpo a cuerpo intenso que terminó con un trago y un billete grande en el escote. El galló cantó tres veces cuando salía por la puerta. El bar estaba vacío. El camarero tenía una sonrisa misteriosa en su cara.

Por cierto como se llama este bar. Preguntó antes de salir.
PERDICIÓN. Respondió el camarero.

Subió a su coche, le quedaba un largo viaje y muchas cosas que explicar a su mujer.
Y es que la vida está escrita con notas de blues que nadie sabe leer.
Amen.
Por cierto, si alguna vez quieres saber donde esta ese bar yo te lo puedo decir, no hace mucho estuve allí.

viernes, 8 de enero de 2010

CREDO

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¿Por qué?¿ Para qué?, a mi que me importa, nada tiene sentido, mis brazos siempre se mueven cuando ando, se balancean sin querer pretender nada mas. La vida pasa por delante de mis ojos sin querer detenerse, sus labios son dulces y su piel transparente. Me miro en un espejo y aun puedo ver al niño que jugaba en la calle. Todo es diferente, todo ha cambiado y sin embargo nadie me ha preguntado nada. Al diablo con todo, que alguien me explique porque esta obra de teatro se mueve en el absurdo.
Paso junto a un callejón. Un hombre sentado en el suelo se aferra a una botella. Está perdido. Él lo sabe. Sus ojos son oscuros. Sus labios se aprietan cuando intenta sonreírme. Le digo adiós. Nadie nos ha preguntado nunca que queremos ser. Jugamos. Toda la vida jugando a un juego que empieza a cansarme. Dejé de creer en Dios cuando supe deletrear “h-o-m-b-r-e” y camino más libre porque todo lo que hay es todo lo que soy.

El sol se esconde tras de un edificio. Quizás mañana sea otro día, quizás mañana ya no amanezca, quizás alguien me diga de que va todo este juego. Mientras tanto busco, no dejo de buscar a alguien que me pueda entender, a alguien que me pueda explicar porque mi mente ha creado este mundo tan vacío, porque la nada ha tomado forma y porque alguien le ha puesto alma.

Entro en el tren. Nadie habla. Miro sus caras. Son grises. Quizás ellos tengan su propio mundo, quizás ellos encuentran sentido a este rompecabezas. Quizás nuestros mundos sean paralelos, quizás nunca se crucen nuestras miradas, quizás ni tan siquiera puedan verme, quizás yo tampoco les veo. Alguien ríe estrepitosamente. Todo me parece más absurdo.

Descubro unos ojos de color de miel frente a mí. No puedo dejar de mirarlos ¿Por qué? ¿Para qué? Qué más da. Nada tiene sentido. Solo sé que mi corazón se acelera y que por un segundo he dejado de existir. El tiempo se detiene, vuelvo a la realidad. Sonrío. Ella sonríe. Todo vuelve a comenzar, estoy destinado a jugar. Sartre tenía razón. El infierno siempre, siempre son los otros.

El tren se ha detenido. Nunca se ha puesto en marcha. He descubierto que los ojos de color miel nunca han existido. Es mi mente la que se mueve, es la mente la que me engaña. Alguien ha dejado de creer.

viernes, 11 de diciembre de 2009

GENESIS. Crónicas de un vampiro II

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Siento sus pasos en el oscuro callejón. Siento su respiración nerviosa, el latir de su corazón. Su sangre contaminada corre por sus venas invadiendo cada célula de su ser. La noche es hermosa y ella ni tan siquiera lo sabe. Busca. Solo busca. Está desconcertada. Quizás asustada. Sólo pide que alguien le devuelva la paz. Por eso espera encontrarme. Por eso me llama desde su interior. Por eso espera hallar en la noche lo que tal vez perdió. Por eso recorre los callejones oscuros, los lugares solitarios, los agujeros más perdidos, los bares más escondidos.

Yo la miro desde el oscuro tejado. Como un animal la acecho y observo su caminar cansado. Por un momento su blanca piel reluce bajo el pálido rayo de la tormenta. Las ratas del negro callejón huyen a su paso, presienten el horror, el miedo.

De repente se detiene. Su búsqueda ha terminado. Las primeras gotas de lluvia negra mojan su pelo. Sabe que la estoy observando, sabe que me ha encontrado, su instinto delata mi presencia, es algo superior a ella, es algo superior a mí. Forma parte del monstruo, forma parte del no muerto.

Hunde su cara en la mojada gabardina que la cubre. Cierra los ojos. En mi mente siento sus palabras, ha aprendido a hablarme, ha aprendido a conectar nuestros pensamientos. Solo veo una y otra vez la misma palabra… ven.

Todavía recuerdo su cuerpo tumbado en aquella habitación, la luz de la luna cruzando el ventanal de aquellas cuatro paredes. Siento todavía el sabor dulce de su sangre en mi garganta, su sueño agitado y sus pesadillas llenas de seres horribles.

Salto al vacío y aparezco detrás de ella. Su olor es más intenso, su piel es más fina, su corazón late más rápido. Se gira poco a poco. La luz de las tinieblas ilumina sus ojos perdidos en la nada. Es hermosa. Su pelo mojado adorna una cara de ángel. Su mirada es intensa, hay fuego en su interior, solo espera que yo acabe lo que un día empecé.

Coge mis manos y las besa. Gira poco a poco la cabeza y me deja ver su cuello largo y cálido. Siento como la sangre recorre sus venas, siento como me llama, siento como me atrae. La lluvia cae más y más fuerte. Me abraza con pasión, su cuerpo tiembla. Algo dentro de mí me arrastra hasta ella, es algo irracional, algo demoníaco.

Pero sin saber por qué La empujo lejos de mí. No. No quiero ser un monstruo, no quiero condenar a una persona a ser un animal, no quiero que nadie deje de tener una vida como la dejé de tener yo. No quiero que nadie sufra la sed infinita que quema la garganta cada segundo, cada hora, cada noche. No quiero condenar a la muerte en vida, no quiero condenar al eterno sufrimiento. Hace muchos, muchos años yo tuve una familia, no dejo de pensar en ellos, nunca podré dejar de llorar lo que un día perdí.

Ella no lo entiende, me mira suplicante. Se agarra a mí con más fuerza. Sus ojos lloran sin lágrimas. Un trueno rasga la lluvia. Le digo adiós.

Huyo en la noche, dejo detrás de mí solo oscuridad. A lo lejos oigo como alguien grita, algún día comprenderá por qué me fui, algún día sabrá lo que pudo ser.

En el horizonte aparece la mañana. La tormenta ya ha pasado. Es hora de volver a mi soledad, a mi noche sin sueños, sin esperanza, sin futuro, sin lágrimas.

La mañana me convierte en lo que soy, en lo que seré.

viernes, 27 de noviembre de 2009

EL COLECCIONISTA DE NOMBRES

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Aveces pienso que soy solo palabras que un día alguien pronunció.



A veces cierro los ojos e intento recordar lo que un día fuí. Pero la vida es difícil y a veces dispara con balas que no puedo parar. Mi vida se diluye poco a poco entre cosas inconexas que mi mente no puede retener. Por eso repito las palabras poco a poco, en silencio, palabras que no quiero olvidar, porque ellas son lo único que me unen con la realidad, ellas son las únicas que me hacen sentirme mejor. Las palabras me devuelven a lo que fuí, a lo que soy. Hombre, luz, miedo, angustia, amor, locura, tristeza.

Estoy empezando a olvidar, no sé lo que he sido, lo que hice, a quién amé. Y No consigo entender porque me destruyo poco a poco, porque mi mente se vacía y porque las cosas no tienen sentido. Quisiera recordar , porque olvidar significa no ser.

Alguien se acerca, me acaricia, la miro y no sé quién es. Me besa, intento decirle algo, pero soy incapaz de recordar. Te quiero, me dice. Cierro los ojos y repito lentamente Te quiero, te quiero, te quiero. Su cara se ha perdido en mi mente. Siento que estoy muerto porque una persona sin recuerdos es alguien a quien la vida lo abandona . La miro. No se quién es y le repito Te quiero. Ella me sonríe. Te quiero, te quiero, te quiero. No deseo olvidar esa palabra. Sé que es importante para ella. Sé que es importante para mí.

Cojo mi libreta y apunto mis palabras, aquellas que no quiero perder. Cada día apunto palabras que me permiten seguir viviendo, seguir respirando, seguir siendo un día más lo que alguna vez fui.

Me levanto. Miro por la ventana. La mujer sube en un coche . Alguien la espera. Siento tristeza. El cristal de la ventana refleja un rostro, apenas lo reconozco, algún día no sabré quien soy, algún día no sabré que significan mis palabras. Mientras tanto las voy repitiendo en mi mente.

Me paso el día mirando las cosas vacías que me rodean, siempre intentando recordar. Las cosas son la única realidad que tengo, ellas son como yo, solo palabras, nombres sin sentido que algún día se irán para no volver nunca jamás, como me iré yo, como se fue ella. Me he convertido en un coleccionista de nombres, letras que algún día olvidaré para siempre. Mientras tanto miro mi cuaderno lleno de garabatos que intento leer, y repito lentamente palabras que no quiero olvidar. Hombre, luz, miedo, angustia, amor, locura, tristeza.

Cierro los ojos. No veo nada. No puedo ser lo que no soy.

Mis ojos no se han olvidado de llorar.

No es olvido, es tristeza.

Me siento mejor.

viernes, 13 de noviembre de 2009

RÉQUIEM PARA UN MUERTO

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El viento movía las cortinas blancas. La casa estaba en silencio. Solo se escuchaba el sonido de sus pisadas en la madera. Tenía un hijo en sus entrañas y en la mano una pistola. Estaba asustada y nerviosa. Había regresado a su casa, había regresado para matar a un hombre. La música comenzó a sonar en el gramófono.

Entró en la habitación. Olía a alcohol y a sudor. El aire era seco y caliente. El hombre dormía hechado en la cama. Su sueño era profundo. Una botella de whisky estaba rota en el suelo. La mujer no podía retener sus lágrimas. La marca de una mano todavía se podía ver en su rostro. No había vuelta atrás. Levantó la pistola apuntó y disparó. No tuvo piedad. En su vientre algo se movió. Nunca más volverás a hacerlo, murmuró.

El calor era insoportable. El viento movía las cortinas que ella algún día cosió. Dejó de llorar.

Y el tiempo pasa como pasa la vida, como pasan los buenos y los malos momentos.

Un grupo de gente miraba hacia los cimientos del primer centro comercial. Algo conmocionaba aquel pequeño pueblo. Habían encontrado enterrado el esqueleto de una persona. La policía empujaba a los curiosos. Decían que tenía un agujero de bala en la cabeza. Una mujer anciana se hizo paso a empujones hasta situarse en primera línea. Algunos protestaron. Todos querían ver aquel acontecimiento.

Lo maté yo. Dijo la anciana.

Algunos rieron. Otros le dijeron que se callara
Lo maté yo. Ripitió más fuerte. Había cierto orgullo en sus palabras.

Un policía se acercó. La miró fijamente y le pidió que se fuera a su casa.

Ella sonrió de una manera extraña. Miró su reloj. Eran las cinco. Sus nietos salían de la escuela. En su cabeza sonó una canción, la misma que sonaba cuando lo mató.

Since I dont have you

Pero de eso hace ya mucho, mucho tiempo. Y la vida pasa como pasan los buenos y los malos momentos.

viernes, 23 de octubre de 2009

NEW YORK HISTORY

Back for Good, banda sonora para mi historia. Haz un click.




─ “Ulises”de Joyce?
Le preguntó la mujer al encargado de la librería. Éste le miró su pelo mojado. Fuera llovía.
─El segundo pasillo a la izquierda, justo en las manos de aquel caballero… y creo que es el último ejemplar.
La mujer miró con desesperación y recorrió los pocos metros que la separaban de Joyce.
─Hola─ Dijo la mujer de ojos verdes
─Hola─ Dijo el hombre de ojos grises
─Ha terminado con el libro de…”Ulises” de..
─Joyce─ Contestó el hombre ─ No, creo que me lo voy a quedar
La mujer lo miró con desesperación.
─Es una emergencia… hoy es el cumpleaños de mi hermana… y
─Y buscas desesperadamente un regalo
De los ojos de ella saltaron chispas.
Él sonrió.
─ Te ofrezco un pacto
─¿Cuál? ─ susurró ella
─ Un café a cambio de un libro
─Pero…
─ Creo que lo necesitas, porque no vas a tener a Joyce... pero si un buen resfriado
Volvió a sonreír. Ella creyó que tenía una sonrisa bonita.
El café estaba lleno, pero en aquel momento un joven se levantó. La mesa desde donde se veía Manhattan quedaba vacía.
Sus manos al sentarse se rozaron sin querer.

El joven salió del café. Estaba lloviendo. Hacía frío. Levanto un brazo. Un taxi de color amarillo se detuvo frente a él. Estaba acomodándose cuando una joven empapada en agua se coló en el taxi.
─Perdón, perdón..
El taxista miraba por el retrovisor no creyéndose lo que estaba viendo
El joven miraba asombrado
─Pierdo el avión, pierdo el avión!!! Por favor me puede dejar el taxi!
─No- dijo el hombre tranquilamente
─No? ─ La joven puso cara de sorpresa
─Yo también tengo prisa, dentro de pocos minutos presento un libro
─ Dios… un escritor lo que me faltaba
─A donde va? ─ preguntó él
─ A Boston
─No va a llegar al aeropuerto con éste tráfico─ dijo el taxista─ ni en sueños.
La joven se puso las manos en la cara
─Vas a perder el avión ─ dijo el joven
─ Sí─ dijo ella resignada
─Le invito a cenar? ─ Dijo él
Ella se giró y le miró directamente a los ojos durante unos segundos. Después se acomodó en el asiento de atrás resignada.
─Sobre qué escribes? Seguro que no he leído nada tuyo.
Dejó de poner cara de víctima.
El sonrió. Ella creyó que tenía la sonrisa bonita.
El taxi se detuvo frente una librería. Se presentaba una novela. En el piso de arriba colgaba un letrero. SE VENDE.

La puerta estaba abierta.
─ Hay alguien? ─ Dijo el hombre
─Si…. ─ Una voz de mujer salía del fondo del pasillo─ Perdone es usted de la inmobiliaria?
─ No. Yo vengo a comprar el piso. Había quedado con una vendedora. He visto la puerta abierta y he entrado.
Los dos se miraron.
─Yo también había quedado para… ─ murmuró la mujer.
─Vaya lio─ dijo él
─ Creo que alguien tendrá que aclarar algo aquí─ dijo ella
─Le gusta el piso?
─ Perdona…?
─Si te gusta el piso?
Ella lo miró extrañado.
─ Sí. La verdad es que si. Mi intención es quedármelo.
─ Es pequeño, con luz, céntrico, justo lo que buscaba ─ dijo el hombre
─Creo que vamos a pelear por él
─ No te preocupes, he llegado después de ti. Seguiré buscando.
El hombre sonrió dulcemente. Cogió su abrigo y su paraguas.
La mujer lo vió sonreir y creyó que tenía la sonrisa bonita.
─ Aquí cerca hay un café desde donde se ve Manhattan ¿qué te parece si te invito a uno? Es lo mínimo que puedo hacer─ dijo la mujer.
─Un café por un apartamento es un buen cambio…¿no serás del partido republicano?
Los dos se miraron. Sonrieron juntos.
Al salir sus manos se rozaron

lunes, 21 de septiembre de 2009

MIS PALABRAS PERDIDAS

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Fui a buscar al ser más antiguo del mundo. Yo era un escritor acabado. Sin ideas. Sin deseo. Sin sentimiento. Y fui a venderle lo único que era verdaderamente mío. Mi alma.

Lo encontré en un cruce de caminos. No era como lo había imaginado. Tenía cara de niño y sus ojos eran negros como el carbón. Me sonrió dulcemente. Sabía que yo estaba perdido. Sabía que no encontraría nunca la paz. Llovía, como nunca jamás lo había hecho, como nunca jamás lo volvería a hacer.

No fui a pedirle amor, ni vida, ni dinero. Fui a pedirle solo una historia, la mejor historia jamás escrita. No fue necesario hablar. Con sus ojos me desnudó para descubrir las heridas que nunca pude curar. Me vi sucio, enfermo y desesperado. Quería algo que nunca podría conseguir por mi mismo.

Sus manos eran pequeñas y sus dedos largos y afilados. Me enseñó aquel trozo de papel que recogía nuestro acuerdo. Sentí una rabia inmensa por ser humano, demasiado humano. Sentí miedo porque nunca encontré a Dios en ningún cielo y porque nadie nunca pudo enseñarme el verdadero secreto de la vida.

Volví a mi habitación. Mi cuerpo temblaba sentado frente al ordenador. Las palabras comenzaron a brotar en mi mente. Eran ríos incontrolados que se deslizaban hasta mis dedos impregnando la pantalla de letras y sueños que nunca jamás había tenido. No podía dejar de escribir, era una fiebre que convulsionaba cada rincón de mi ser.

Aun no había amanecido todavía cuando sentí sus pasos detrás de mí. Sabía quién era y a por lo que había venido. Punto y final. Mi historia estaba acabada. Apagué el ordenador y le miré a los ojos. Me vi reflejado en el interior de ellos. Besé sus labios . Extendió sus manos de niño y me arrancó el alma.

Ahora que soy un escritor maldito, que ya no puedo dormir, que no puedo soñar, que no puedo dejar de sufrir, solo pienso en aquella historia que un día escribí. La mejor historia que nadie nunca podrá escribir. Aún hoy pienso en aquellas palabras perdidas para siempre en un viejo ordenador que nunca nadie abrirá, palabras muertas como mi alma que nadie podrá sacar del vacío donde se encuentran. Aún recorro los caminos desnudos buscando a alguien que quiera leerlas, porque sin ellas no soy nadie, porque sin ellas solo soy un condenado que busca en la eternidad el rastro de unas palabras perdidas, aquellas por las que un día fui capaz de vender lo único verdaderamente mío.