sábado, 14 de mayo de 2011

ARENA EN LOS ZAPATOS

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Y nos volvimos a ver. Quizás fue suerte o quizás así tenía que ser. Nos abrazamos. Hacía mucho tiempo . Fue mi amigo. Mi mejor amigo. Y fueron tiempos en los que tú por mi y yo por ti. Sus ojos eran vivarachos como los que conocí. Pero sus arrugas, como las mías, se doblegaban ante el peso de la vida.

Con él recorrí los ochenta. Otra época, otras ideas. Buscábamos algo por lo que luchar, descubrir un tesoro escondido bajo la palmera en una playa solitaria. Por bandera mi camisa y por país ese pedazo de tierra donde dejábamos la mochila.

Nos sentamos en un viejo bar. Pedimos unas cervezas. Y miramos hacia atrás buscando lo que un día fuimos y ya no somos. Buscamos esos sueños que un día murieron. Hablamos de lo que el tiempo y la vida nos arrebató sin misericordia. Hablamos de lo que ya no éramos, de lo que nunca seremos.

Sentado frente a mí, vestía traje y corbata. Sus zapatos eran de piel. Sin embargo nuestros pies dejaron huellas en otras tierras, en otras orillas, allí donde con una guitarra y una hoguera cantábamos al amor y a la libertad. Libertad sin renuncia y abajo el poder. Gritábamos.

Sonó su móvil . Y Los ochenta se perdieron para siempre. Ahora solamente quedaba el recuerdo de aquellas risas, de aquellas fiestas de pueblo,de aquellos besos robados, de aquellas noches infintas compartiendo aventuras. Tú por mi y yo por ti.

Nos despedimos. Dale un beso a tu mujer y a los niños. Igualmente.

Mis ojos se hiceron más pequeños.

Este mundo ya no era el nuestro. Nunca lo será.

Levanté mi vaso y brindé por aquellos que habían quedado en el camino.

Va por ellos


sábado, 19 de marzo de 2011

Alma de blues

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El gallo cantó por primera vez. Amanecía. Se levantó de la cama que compartía con sus cinco hermanos y en silencio se vestió. Esa mañana no iría a trabajar en la tierra del puto blanco. Se puso su camisa nueva,un pantalón limpio y los zapatos que le regaló su madre.Cogió sus pocas cosas que aún le pertenecían y las puso en una maleta de cartón. Les dió un beso a sus hermanos y salió de la habitación.

Su madre trasteaba en la cocina y su padre sentado en la mesa de madera callaba. No le dijo nada. No tenía nada que decirle. No había palabras. Sólo dolor. En una taza humeaba el café. Se lo bebió despacio, como cada mañana, como cada día antes de marcharse a trabajar. Pero hoy era diferente, hoy sabía diferente, hoy sabía a libertad.

Su madre salió de la cocina. Sus pasos resonaron en la madera de aquella casa de negros. Sintió sus lágrimas en sus ojos. Le dejó una bolsa con algo de comida. Su padre callaba.

El gallo cantó por segunda vez. Era la hora, cogió la guitarra que un día le regalaron cuando cumplió los 16 y salió al porche. La abuela como siempre estaba sentada en su mecedora. Tenía la mirada perdida. Atrás quedaron los duros años de esclavitud. Fueron años duros para la familia. Ahora cambiaron su alma por un triste jornal. Maldito sur.

Bajó del viejo porche y buscó el camino de tierra que le llevaría a la carretera. Sólo tenía una guitarra y una vieja maleta. Sintió llorar a su madre, pero no quiso volver la cabeza, ya no era un niño y el camino era largo. Su padre lo miraba desde el porche. No dijo nada. Nunca dijo nada.

El gallo cantó por tercera vez. El sol alumbraba un nuevo día sobre aquella tierra de negros. Ese día Robert Jhonson comenzó a ser historia.

Tocó en los peores garitos de Missisipi. Sus dedos se delizaban por su guitarra como la seda en el cuerpo de una mujer. Hay muchos que aún le recuerdan con su maleta de cartón al borde de una carretera solitaria esperando a un buen samaritano.

Cuenta una conocida leyenda que Robert Johnson vendió su alma al diablo en el cruce de la autopista 61 con la 49 en Clarksdale (Missisipi), a cambio de interpretar el blues mejor que nadie.

Yo juraría que fue verdad

Robert Jhonson (1911-1938)

Amén


viernes, 3 de diciembre de 2010

PALILLOS CHINOS

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Tengo un perro que no me saca a pasear, un pájaro que no sabe volar, una tortuga que me mira mal y una planta con problemas de personalidad. Me da igual cada uno es como es.

Tengo una tele que no sé sintonizar, una radio que me ha dejado de hablar, una guitarra que se niega a sonar y unos zapatos de claqué con los que no sé bailar. Y que mas da. Tengo a unos vecinos que no puedo soportar, un sicólogo que se quiere jubilar, un psiquiatra con problemas de identidad, y a un amigo ciego que es el único al que no quiero olvidar. Y es que los pequeños sin sentidos de la vida llegan a ser maravillosos. Mires donde mires allí están.

Tengo un libro que soy incapaz de leer, un poema que soy incapaz de escribir, una película que nunca consigo ver y un disco de vinilo pasado de moda que no consigo escuchar. Quizás estoy anclado en el pasado, pero repaso mi vida y me veo rodeado de cosas que no consigo comprender. Tengo una moto que no logro arrancar, una camisa que más vale olvidar, una partitura que no logro entender y un montón de apuntes del colegio que nunca logro tirar. Tengo un móvil que no sé donde está,una pluma que nunca voy a utilizar, unas fotos que siempre están para ver, y unas gafas de esquiar... que la verdad no sé para qué.

Aveces miro a mi alrededor y hay verdaderos misterios. Tengo pintura con la que no voy a pintar, una cámara de fotos que ya no es digital, un montón de cintas de casette listas para olvidar (Dios que pena) Tengo números de teléfono de gente que nunca voy a llamar, cuentas de e-mail que no puedo encontrar, y amigos virtuales que no sé quienes són ni donde están. Tengo tantas cosas que quizás sea mejor olvidar....o reir, o llorar. No, llorar nunca más. Porque tengo un chiste que me hace reír, una canción que me hace cantar, y unos labios que me quieren besar. Que bien!. Tengo un pequeño jardín para meditar (y para limpiar, malditas plantas!), vivo cerca del mar y un montón de campo para pasear.

En fin,hay tantas cosas que nos rodean que aveces no sabemos realmente lo que somos o lo que hemos sido. Cosas que pasan por nuestras vidas y a las que no prestamos atención. AH, por cierto... tengo cintas de video beta, tengo unos palillos chinos.... bueno, mejor callar.

viernes, 22 de octubre de 2010

ZAPATOS ROJOS DE AGUJA

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Detrás de mí escuché el “click” de una puerta al cerrarse. Empezaba a amanecer. Encendí un cigarro y me acomodé en mi gabardina. Había sido una noche intensa. Dentro de la casa había dejado esposada a una cama a una rubia peligrosa vestida con tan sólo unos zapatos rojos de tacón de aguja. Había sido una noche intensa. Di una calada al cigarro. Todavía conservaba el dulce sabor de la mermelada con la que impregné su cuerpo. Ummmm.Dulce como la miel. Era una testigo importante en un caso importante a la que tenía que vigilar. Se me fue de las manos. Quizás fue su mirada. Quizás fue su cuerpo desnudo en la cocina. Quizás fue el bourbon. No hubo piedad y tan sólo algunas palabras.

Me acomodé la pistola, la placa la había dejado dentro. Creo que no la necesitaría nunca más. Asuntos internos me iba a hacer trizas y mi jefe tardaría tres segundos en patearme el culo. Al infierno con todo. Era un hombre nuevo y la vida todavía podía ofrecerme otras cosas. Dentro de la casa alguien maldecía mi nombre. Sonreí. La rubia nunca me olvidaría. Soy un hombre que deja huella. Junto a la cama dejé una nota. En ella estaba mi renuncia y la dirección donde podían encontrar al hombre que buscábamos. Un traficante de alto copete. Aquella muñeca de porcelana había cantado en el mismo momento que probé la mermelada en su linda y suave piel

La ciudad amanecía con notas de blues. Un camión regaba las calles. Me puse el sombrero. Necesitaba un trago. Frente a mí una morena de largas piernas y zapatos rojos de aguja me miró de reojo mientras movía sus caderas. Entré otra vez en la casa. Tenía que recuperar mi placa. Había a alguien a quien tenía que detener. Y es que la vida es como una montaña rusa de la que no te puedes nunca bajar. ¿No crees?

viernes, 23 de julio de 2010

COSAS QUE NUNCA DIJE

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Ha sonado el despertador. Comienza un nuevo día. Te encuentras raro. No has dormido bien. Han vuelto las pesadillas otra vez. Te duele la cabeza y te encuentras cansado. Respiras hondo e intentas levantarte. Sabes que necesitas una ducha y un café cargado.

El agua caliente te hace olvidar muchas cosas que no quieres recordar. Te miras al espejo. Ya casi no reconoces al tipo que tienes delante. La vida te ha abierto pequeños surcos en la piel que no puedes disimular. Tienes la mirada ausente y tus ojos azules ya no brillan.

Bajas a la cocina y te sientas frente a una taza de café. Te gusta sentir su aroma por la mañana. La casa está vacía. Todos duermen. El silencio te hace sentir bien. Hoy es un día como otro cualquiera. Hay que volver a la lucha. No hay tregua.

Antes de marcharte entras en su habitación. Tu hijo duerme. Te acercas despacio. Aunque su piel huele a niño sabes que se está haciendo mayor. Sabes que dentro de poco dejarás de ser el centro de su vida. Quieres detener el tiempo para siempre, agarrarlo y no dejar que se escape .Sabes que él buscará su propia vida y buscará otro centro. No quieres engañarte. Tú también fuiste niño alguna vez y sabes lo que pasa. Sabes que seguirá su propio camino . Tú también buscaste el tuyo. Sabes que tú no lo podrás seguir. Lo irás perdiendo poco a poco. Ya nada será igual. Sabes que el tiempo pasa y no se detiene. Te duele perder su mirada de niño que nunca más volverá.

Te acercas y le das un beso.

Es tarde y tienes que marcharte. El mundo no sabe esperar.

Antes de irte oyes su voz

-Adiós Papá

-Adiós hijo. Te quiero.

Te pones la chaqueta y sales a la calle. Hoy hace frío. La gente pasa por tu lado en silencio. Todos parecen tener prisa. Hoy es un día como otro cualquiera. Y tú te has convertido en un ser que ya sólo sabe recordar.




viernes, 4 de junio de 2010

EL POLI QUE NO LEIA RELATOS DE AMOR

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Era una noche de perros. Llovía. El sonido del agua era igual al sonido que hace un tacón de aguja bajo los pies de una mujer dispuesta a todo. Yo estaba en mi viejo coche. En una mano tenía un cigarro y en la otra una petaca de bourbon. Era la estampa patética de un perdedor.

Desde un oscuro callejón vigilaba la casa de la novia de un pez gordo en busca y captura. Estaba haciendo trabajo de novatos, pero asuntos internos me estaba investigando, un mal asunto sobre una mala bestia que cayó desde mi coche en marcha. Nadie entendió como pudo abrir la puerta estando esposado. Cosas que pasan. Alguien pensó que con un traslado molestaría menos. Sabia decisión.

En la radio sonaba un blues y ante mis ojos se amontonaban las gotas de lluvia. Me heché un trago. Sentí como mis penas bajaban por mi garganta como una ola de fuego.

Una luz de la casa se encendió. Desde mi coche pude ver la silueta de la mujer que vigilaba. Una rubia peligrosa teñida y cubierta por solo una toalla. Suspiré.

Se paró frente a la ventana. Di una calada al cigarro. Parecía que me miraba. Creí ver una sonrisa. Llovía con más fuerza. Pude ver sus labios rojos juntarse para lanzar lo que pareció un beso. Otro trago, lo iba a necesitar.

Acomodé mi pistola, la más grande del departamento, y me puse el sombrero. Crucé la calle bajo la lluvia. Era una noche de perros y yo tenía ante mí una puerta abierta y una toalla blanca en el suelo.

Mis pasos me llevaron hasta la cocina. Me quité el sombrero y me aflojé la corbata. Allí, apoyada en la mesa de la cocina, una rubia teñida de peligro y con zapatos de aguja rojos me esperaba desnuda.

No hubo palabras, solo un cuerpo a cuerpo intenso. Juro que probé al menos 6 salsas diferentes, la harina fue nuestro manto y el aceite nuestro filtro de amor. Nunca mi paladar estuvo más cerca del cielo y nunca hasta entonces pensé que sería capaz de cocinar.

Todo terminó con un cigarro a medias y una sonrisa en los labios. Seguramente a asuntos internos eso no le iba a gustar. Que les jodan.

Como te llamas me preguntó

No tengo nombre muñeca, solo soy un personaje de un relato.

La rubia me miró asombrada.

Tu también pequeña.

¿Y que vamos a hacer?

La miré a sus ojos de gata salvaje. Volvamos a la cocina nos hemos dejado una salsa picante

¿Que hacemos con éste?. Me dijo

Que le jodan

Nota del autor: Por causas ajenas a mi voluntad me veo obligado a suspender este relato por tiempo indeterminado.



viernes, 5 de marzo de 2010

EL CANTANTE DE BLUES Y LA QUIMERA DEL AMOR

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Cuando me dijo que se iba a comprar tabaco yo sabía que nunca más volvería a verla. Nunca había fumado. En una mano tenía la plancha y en el fuego una de esas tortillas que tanto le gustaban. Y aún así… me dejó. Me quité los rulos, mi bata manchada de tomate y me prometí no llorar. Eso ya era ceder demasiado para alguien a quién habían dejado. Mis tres hijos aveces me preguntan por su madre. Yo no sé que decirles, cojo mi escoba y no dejo de barrer, no tendrán madre, pero si una casa limpia.

Mis amigos del “Super “ me dicen que la han visto sentada en un Ferrari con alguien más joven, más guapo y con más dinero que yo. Tenían la música a tope y ella no dejaba de reír. Cosas del cruel destino. Quizás yo era demasiado poco para ella, quizás no le diera todo el sexo que ella necesitaba, quizás en el fondo nunca le gustaron mis tortillas, ni siquiera la francesa.

La vida no fue fácil para nosotros, había quatro estómagos que llenar y montón de letras pendientes de pagar. Pero la vida es una de esas cosas que nadie es capaz de entender, cuando menos te lo esperas alguien te mira a los ojos y te abre una puerta trasera donde tienes tiempo para escapar.

Encontré trabajo de vocalista en una banda de Blues “The Quartet blues band”, todas las noches cantaba en un viejo y oscuro club de Jazz. Con mi voz rota y mi alma negra cantaba historias de desamor, olvidos, penas y tortillas que nunca más se comieron.

Poco a poco fuimos cogiendo algo de fama, empezaron los buenos contratos, los mejores clubes y toda aquella gente guapa que comenzaron a hacer cola para oírme cantar. Mis hijos fueron a los mejores colegios y yo me compré un ferrari rojo con el que pasear.

Muchas mujeres quisieron cuidar de mí, juro que en más de una ocasión caí en la tentación, les llevaba a mi casa y cocinaba solo para ellas, alguna vez cosí una falda que otra. Pero soy hombre de una sola mujer y siempre acabo llorando y contando cuando ella me dejó.

Me han dicho que hay otra mujer, más joven y más guapa sentada en el Ferrari de aquel guaperas del tres al cuarto. Y por mucho que pregunto nadie sabe decirme por donde anda. Pero aveces cuando canto en el club siento que desde un oscuro rincón alguien me mira y escucha llorando mi triste blues que habla de amores, desamores, de hombres, mujeres…y de cientos de tortillas que nadie nunca más comió.

Y es que la vida es un blues…¿no crees? oh yeaaaaa!!!