viernes, 23 de marzo de 2012

LOS SONIDOS DEL SILENCIO


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Escribo sin saber muy bien lo que quiero decir. Busco algo de consuelo en las almas rotas de los personajes que creo. Camino sin mirar a ninguna parte. No quiero ver mi reflejo. Cierro los ojos y busco la verdad que nace dentro de mi. Quiero crear un mundo diferente donde poder respirar. Quizás en éste me encuentro perdido y sin rumbo. Combato la tristeza con letras que buscan ir un poco más allá de mi piel. Callo, quizás no tengo nada que decir. Me escucho y mi voz me parece grotesca y sin sentido. Camino sin mirar a ninguna parte. Me cruzo con gente que apenas conozco. Tengo miedo que sepan quien soy. Lo pobre que soy. Por eso cierro los ojos y busco en la oscuridad un poco de luz.

Busco en tu alma un poco de paz. Busco en el fondo de tus pupilas algo que me haga sentir bien. Quizás quiero encontrar el sentido al mundo que me rodea. Por eso escribo. En ese mundo me encuentro bien. En ese mundo puedo quizás cambiar esa angustia que presiona mi alma.

Camino sin mirar a ninguna parte. Quiero creer que nadie me mira. Que estoy solo. Que todo es un sueño del que tarde o temprano me despertaré. Y si todo es mentira al menos sabré que siempre me quedará el fondo oscuro de tus ojos.

Escucho el sonido de mis pasos ir a ninguna parte. Imagino una historia donde poderte encontrar. Busco una salida sobre un fondo blanco. Quizás no lo consiga. Quizás lo pierda todo en el intento. Pero siempre quedará una frase que me haga sentir humano, una palabra que calme mi sed o unos dedos que acaricien mis labios.

Busco dentro de mí algo sobre lo que escribir. Quiero decirte algo y no puedo. Sólo encuentro desconcierto y ausencias, palabras rotas que nunca podré recomponer. Camino sin mirar a ninguna parte. No quiero descubrir que todo es mentira , que tú sólo existes en mis sueños y que mi vida es sólo una quimera que yo imaginé. No quiero saber que somos personajes de una mala historia en un mundo que pronto olvidaré. Cierro los ojos, busco en la oscuridad una verdad en la que creer. Quizás he perdido la ilusión, quizás he perdido la fe.


domingo, 18 de marzo de 2012

CIENTÍFICOS DE LA NASA ASEGURAN QUE EL UNIVERSO TIENE LÍMITES

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Me levanto temprano. Nada parece diferente, desayuno con las noticias y acudo a mi trabajo. El metro como siempre va lleno de gente anónima con la mirada perdida. Miro sus caras, sus gestos y todo me parece aburrido, monótono. Todo es igual.
Delante de mi alguien parece sumergido en su periódico. Las letras se alzan como una muralla de papel. No puedo evitar poder leer en un recuadro una noticia; “Científicos de la NASA aseguran que el universo tiene límites”.
Mienten y ellos lo saben.
No existen límites cuando mis dedos buscan sus labios, no existen límites cuando mi boca busca su piel, cuando la miro y encuentro en sus pupilas el universo lleno de estrellas. No existen límites cuando sus palabras desnudan mi alma y me dicen lo que sienten, cuando la noche se rompe y se desnuda el corazón. No hay nada que pueda contener ese tiempo que comparto entre lo irreal e inexistente, nada que pueda atar ese delirio que se despierta dentro de mi cuando se desbocan mis sueños y la buscan en mi tormenta. No existen límites para una sola sonrisa, porque cada sonrisa es un mundo donde no se levantan fronteras, ni espacios ni tiempo. No existen límites cuando susurro en la oscuridad que no puedo vivir solo y que cruzaría un océano si así pudiera verla solo un minuto más.
Vive algo dentro de mí que no puedo ver, que no puedo aprisionar pero sin embargo se que no hay límites que consigan frenar todo lo que siento, porque nace de un lugar donde no existe fuerza que lo detenga ni cadena que lo ate. Una sola caricia tiene más poder que un Dios, una sola palabra es capaz de contrarrestar la fuerza de un universo.
¿Que pueden saber los científicos de límites y de universos, si dentro de cada uno de nosotros somos un pozo infinito donde ni los más potentes telescopios pueden llegar?. ¡Al diablo con ellos!, acaso saben lo que significa sentir la caricia de un beso, el sentimiento que produce una sola de sus miradas... acaso no saben que no existen límites cuando comparto un solo momento de su vida, acaso no saben que tengo en mis manos la eternidad cuando respiro el perfume de su cuello, cuando paladeo el sabor de sus lágrimas.
El metro se detiene, me tengo que bajar, el trabajo me espera, hoy es un día como otro cualquiera y sin embargo nunca es igual.
Sonrío al recordar el titular de la noticia
Busco la noche en sus ojos y siento que el universo es infinito.

viernes, 9 de marzo de 2012

¿QUIÉN ES AQUEL QUE MIRA A TRAVÉS DE MIS OJOS?

Haz un clik, ayúdame... no puedo dejar de escuchar esta canción (lee y escuchala)




Me gusta escribir, es algo que llevo muy dentro de mí, no puedo evitar escribir en mi mente todo lo que pasa a mi alrededor, todo lo que me ocurre, porque escribo, solo escribo, nunca pienso.

Voy caminando por una acera gris, me cruzo con gente a la que nunca miro, no quiero que descubran en mis ojos que tengo miedo”

A veces me elevo por encima de mí y puedo verme perdido y solo, caminando hacia ninguna parte, soy como una mosca atrapada dentro de la botella que es incapaz de encontrar la salida. Me he convertido en un personaje de mi propia historia, quiero cambiar mi vida pero no puedo, solo se escribir y voy repitiendo con palabras lo que veo.

“Mis zapatos son marrones, es lo único que me une a la tierra, mi cabeza quiere tocar el cielo, es lo único que me une a la humanidad”

Soy un escritor de pensamientos, describo todo lo que me ocurre, por eso me escondo de la gente, no quiero que lean en mis ojos. Me alejo lo más posible de ellos, no me gustan sus vidas grises, huyo de sus palabras, de sus falsedades, de sus egoísmos. No me importa que me digan que estoy loco, ellos no saben, ni sabrán nunca de que material están tejidos mis sueños.

Me detengo. Hay un semáforo en rojo, alguien se ha puesto a mi lado, siento como su perfume sube por mi piel. Quiero detener el tiempo para siempre y saber que clase de persona es. Pero no me atrevo a levantar la mirada, siento vergüenza de que me descubra mirando. Dentro de mi cabeza nace una canción que no deja de sonar”

Me gusta escribir en mi mente, es como un juego, transformo en palabras todo lo que siento, todo lo que veo. Solo entonces me encuentro seguro, solo entonces puedo entender que no estoy perdido y que mi vida solo es una historia que alguien cuenta fuera de mí. Las palabras son como rayos de luz que entran por mis ojos y transforman el mundo que piso.

Me siento en el metro, hay mucha gente, puedo ver a un hombre mientras lee el periódico, me ha sorprendido leyendo los titulares en el papel. Desvío la mirada y miro al suelo, allí me siento más seguro, no quiero que me descubran escribiendo sobre mis pensamientos”

Nadie puede ver mi mundo, nadie puede levantar los brazos y gritar en silencio, nadie puede ver mis ríos de color púrpura, y mi cielo de color verde, nadie es capaz de sentir como suena esa canción dentro de mí. Nadie me conoce realmente, tampoco se conocen a ellos, son como marionetas en el universo que yo escribo, son personajes secundarios a los que yo les doy vida.

“Entro en mi casa, quiero besarla y no la beso, quiero abrazarla y no la abrazo. Dentro de mi suena una canción, cojo mi guitarra e intento buscar los acordes”

Me encuentro bien en ese mundo en el cual habito, allí nadie miente, nadie se burla, nadie oculta sus verdades, no hay máscaras, ni rencores, ni ansiedades, ni luchas, ni odios, ni violencia, ni derrotados, ni vencidos, ni lágrimas, ni injusticias

“Tengo una hoja en blanco delante de mí. Ha pasado otro día y no he conseguido escribir nada, tacho un número en mi calendario de papel. Apago la luz… ya todo pertenece a la oscuridad y al silencio. Quiero dormir, quiero acurrucarme a su lado, quiero dormir muy profundamente quizás así deje ya de escribir, quizás así pueda soñar, quizás así pueda por fin no dejar de soñar”

Si alguien puede leer esto alguna vez que lo haga en silencio porque quizás descubra que todas estas palabras no las escribí yo, quizás descubra que su mundo es mi mundo, que sus pensamientos son los míos, quizás descubra al mirarse al espejo que todo está vacío y que solo es un personaje que habita en un mundo extraño, un mundo que yo escribí..

viernes, 30 de septiembre de 2011

SAL EN LOS LABIOS

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El creador se levantó como todos los días. Aún no había amanecido. Su mujer y su hijo dormían todavía. Se vistió en la oscuridad. Sin hacer ruido, en silencio. Salió de la casa y cruzó la calle. Y Buscó el mar. Las estrellas todavía brillaban en el horizonte.

Se quitó los zapatos y pisó la arena fina. Respiró hondo y pensó que hoy podía ser el mejor de los días. Pensó que hoy podría crear un día maravilloso, un día diferente. El creador caminó por la orilla del mar y buscó un lugar en la arena para sentarse. Sólo tenía que esperar. Pronto se crearía el milagro de la vida. Sintió el frío de la mañana y el olor salado que el aire depositaba en sus labios. Cerró los ojos como tantas veces había hecho. Y quiso ser mar y fue mar. Y sintió el viento y fue viento. Quiso ser libre y fue libre.

Abrió los ojos y pudo ver una playa infinita. La luz anaranjada de la mañana se asomaba al universo de sus pupilas.Y poco a poco se fue descubriendo el mundo que él mismo había creado. Quiso ser luz y fue luz. Sintió el agua del mar acariciar sus pies y como se hundían poco a poco en la arena mojada. Pero ya había llegado el momento. Se levantó en el mismo instante que detrás del horizonte aparecía aquel disco dorado que invadió todo con su luz cálida y suave. El cielo fue azul, la arena oro y el mar eterno. Las estrellas se fueron difuminando y las olas fueron rompiéndose en estelas plateadas hasta cubrir la misma playa que el creador había pisado.

Respiró hasta llenar el último rincón de su alma y decidió que era un buen momento para regresar. Su mujer y su hijo le esperaban. Se marchó cuando el sol le miraba desde el cielo, atrás sólo quedaron unas huellas que alguna ola de mar borró para siempre. Sonrió. Por un instante fue feliz. Y mañana sería otro día

viernes, 8 de julio de 2011

USHER 2.0

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Es medianoche. Tengo miedo. Mi sombra se dibuja en las negras paredes de la casa Usher. Sus altos y estrechos ventanales me vigilan. Sus muros antiguos me susurran su nombre. No puedo dormir. Sólo espero que pronto llegue el final. El fuego de la chimenea en el viejo salón juega a crear mundos fantasmales repleto de terroríficos seres. El reloj de péndulo suena al dar las doce. Pronto ella regresará. Como cada día, como cada noche. Volverá a recordarme lo mísero y lo cruel que he sido. Mi rostro demacrado y mi piel blanca se reflejan en el vaso de brandy que apenas puedo sostener. La voces han vuelto, me hablan y me susurran frases que no puedo entender. Un frío gélido nacido en las pestilantes ciénagas que rodean la casa penetran hasta oprimirme la garganta. Tengo miedo. Pero no puedo huir. La casa me retiene con cadenas negras que no puedo romper. Un enorme cuadro encima de la chimenea me recuerda lo bella que fue. Su pelo negro. Sus ojos profundos. Sus labios rojos. Pero como la efímera flor ella también se marchitó. Con mis propias manos arrastré su féretro hasta el fondo de la cripta. Estaba tan bella. Cerré la puerta para siempre.

Pero la casa no olvida. Hoy hace un año que comenzó mi sufrimiento. En una noche como ésta ella... Pero ahora sé que no estoy solo, siento sus pasos, su olor a podredumbre. Se que me mira. Se ríe y me mira. Me llama. ¡Basta! Alguien grita en lo más profundo de la cripta. Es ella. Cojo una candelabro y busco las largas escaleras que llevan hasta lo más profundo de la casa. Allí el frío me muerde como perro rabioso. Abro la puerta de la cripta. Apenas puedo distinguir el ataúd de la oscuridad.

Como cada noche abro el féretro y la miro. Veo su boca abierta, sus uñas rotas. Su cuerpo retorcido y sus ojos vacíos que me miran y me dicen que ella fue enterrada en vida.

Las voces se apagan por fin. Cierro la puerta y vuelvo a subir las escalera de piedra. La casa vuelve a estar en paz, pero nunca me dejará tranquilo, porque ella como yo sabemos el color de mi alma

sábado, 14 de mayo de 2011

ARENA EN LOS ZAPATOS

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Y nos volvimos a ver. Quizás fue suerte o quizás así tenía que ser. Nos abrazamos. Hacía mucho tiempo . Fue mi amigo. Mi mejor amigo. Y fueron tiempos en los que tú por mi y yo por ti. Sus ojos eran vivarachos como los que conocí. Pero sus arrugas, como las mías, se doblegaban ante el peso de la vida.

Con él recorrí los ochenta. Otra época, otras ideas. Buscábamos algo por lo que luchar, descubrir un tesoro escondido bajo la palmera en una playa solitaria. Por bandera mi camisa y por país ese pedazo de tierra donde dejábamos la mochila.

Nos sentamos en un viejo bar. Pedimos unas cervezas. Y miramos hacia atrás buscando lo que un día fuimos y ya no somos. Buscamos esos sueños que un día murieron. Hablamos de lo que el tiempo y la vida nos arrebató sin misericordia. Hablamos de lo que ya no éramos, de lo que nunca seremos.

Sentado frente a mí, vestía traje y corbata. Sus zapatos eran de piel. Sin embargo nuestros pies dejaron huellas en otras tierras, en otras orillas, allí donde con una guitarra y una hoguera cantábamos al amor y a la libertad. Libertad sin renuncia y abajo el poder. Gritábamos.

Sonó su móvil . Y Los ochenta se perdieron para siempre. Ahora solamente quedaba el recuerdo de aquellas risas, de aquellas fiestas de pueblo,de aquellos besos robados, de aquellas noches infintas compartiendo aventuras. Tú por mi y yo por ti.

Nos despedimos. Dale un beso a tu mujer y a los niños. Igualmente.

Mis ojos se hiceron más pequeños.

Este mundo ya no era el nuestro. Nunca lo será.

Levanté mi vaso y brindé por aquellos que habían quedado en el camino.

Va por ellos


sábado, 19 de marzo de 2011

Alma de blues

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El gallo cantó por primera vez. Amanecía. Se levantó de la cama que compartía con sus cinco hermanos y en silencio se vestió. Esa mañana no iría a trabajar en la tierra del puto blanco. Se puso su camisa nueva,un pantalón limpio y los zapatos que le regaló su madre.Cogió sus pocas cosas que aún le pertenecían y las puso en una maleta de cartón. Les dió un beso a sus hermanos y salió de la habitación.

Su madre trasteaba en la cocina y su padre sentado en la mesa de madera callaba. No le dijo nada. No tenía nada que decirle. No había palabras. Sólo dolor. En una taza humeaba el café. Se lo bebió despacio, como cada mañana, como cada día antes de marcharse a trabajar. Pero hoy era diferente, hoy sabía diferente, hoy sabía a libertad.

Su madre salió de la cocina. Sus pasos resonaron en la madera de aquella casa de negros. Sintió sus lágrimas en sus ojos. Le dejó una bolsa con algo de comida. Su padre callaba.

El gallo cantó por segunda vez. Era la hora, cogió la guitarra que un día le regalaron cuando cumplió los 16 y salió al porche. La abuela como siempre estaba sentada en su mecedora. Tenía la mirada perdida. Atrás quedaron los duros años de esclavitud. Fueron años duros para la familia. Ahora cambiaron su alma por un triste jornal. Maldito sur.

Bajó del viejo porche y buscó el camino de tierra que le llevaría a la carretera. Sólo tenía una guitarra y una vieja maleta. Sintió llorar a su madre, pero no quiso volver la cabeza, ya no era un niño y el camino era largo. Su padre lo miraba desde el porche. No dijo nada. Nunca dijo nada.

El gallo cantó por tercera vez. El sol alumbraba un nuevo día sobre aquella tierra de negros. Ese día Robert Jhonson comenzó a ser historia.

Tocó en los peores garitos de Missisipi. Sus dedos se delizaban por su guitarra como la seda en el cuerpo de una mujer. Hay muchos que aún le recuerdan con su maleta de cartón al borde de una carretera solitaria esperando a un buen samaritano.

Cuenta una conocida leyenda que Robert Johnson vendió su alma al diablo en el cruce de la autopista 61 con la 49 en Clarksdale (Missisipi), a cambio de interpretar el blues mejor que nadie.

Yo juraría que fue verdad

Robert Jhonson (1911-1938)

Amén